La reforma educativa de 2013

COBERTURAS
jue 27 jun 2013 21:00
La reforma educativa de 2013

La reforma educativa de 2013 es una verdadera ventana de oportunidad que permitirá darse cuenta que detrás del drama que es la situación actual del sistema educativo nacional, se encuentra el rostro de todas las generaciones de los educandos nacionales. AUTOR: Rodrigo Sánchez Villa, abogado

Que el gran problema de México es la educación se ha vuelto un lugar común. Y que sea un lugar común no lo hace menos cierto, sino que trivializa la profundidad de este problema. Han pasado décadas en las que cualquier académico, funcionario, representante popular, empresario, taxista o ciudadano de a pie aborda y elude al mismo tiempo este trascendental tema con esa frase.

¿Por qué la educación es tan importante? Porque proyecta a cualquier nación en el escenario mundial por lo correcto: es un motor del desarrollo, impulsa la creatividad, da sentido de pertenencia nacional, permite la recursividad en la más cruda escasez y, por sobre todas las cosas, genera paz social. 

Pero, ¿en qué consiste el problema que nuestra educación enfrenta y cómo debe encararse? Estas son las dos preguntas esenciales una vez que se reconoce dicho problema, ya que enfrentan su discernimiento y su solución.

La reforma de 2013.

La reforma educativa de este año (aunque fue presentada por el Ejecutivo federal en diciembre de 2012) consta de diversas modificaciones en el ámbito constitucional, legal y reglamentario que irán implementándose paulatinamente. Al momento, el 26 de febrero pasado fue publicada la reforma a nivel constitucional que modificó los artículos 3º y 73 de la Carta Magna.

Estos cambios constitucionales delinean el nuevo perfil de nuestro sistema educativo. Además de los principios que ya existen (como su laicidad, su obligatoriedad a nivel medio y su gratuidad) se establecieron tres ejes sobre los que la reforma educativa debe darse: educación de calidad, aumento en la matrícula de la educación media superior y superior y la recuperación de la rectoría del Estado en el sistema nacional de educación.

Al momento, está pendiente la nueva Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, así como las reformas pertinentes a la Ley General de Educación. Ambos ordenamientos legales aterrizarán los principios y ejes que al momento existen en nuestra Constitución.

Pero, para entender por qué la reforma educativa que tenemos hoy día frente a nosotros es tan relevante, conviene hacer un breve repaso histórico del desarrollo de nuestro sistema educativo nacional.

Una breve reseña histórica del actual sistema educativo nacional.

En el desarrollo del sistema educativo nacional podemos encontrar cinco grandes etapas históricas de su desarrollo: la de institucionalización, que va desde la entrada en vigor de la Constitución de 1917 a 1940, la de crecimiento acelerado, que va de 1940 a 1980, la del período de estancamiento, que va de 1980 a 1992, la de reformas tecnocráticas, que va de 1992 hasta 2013 y la etapa en la que estamos por entrar, que es la de la gran reforma educativa en materia de calidad que ha propuesto el actual gobierno federal.

La primera etapa se caracterizó por crear un sistema nacional, centralizado, único y homogéneo de educación básica que abatiera los altos índices de analfabetismo de la posrrevolución e identificar a la nueva sociedad mexicana y todos sus sectores con el nuevo Estado mexicano.

La segunda etapa fue la expansión y diferenciación a gran escala de todo el sistema educativo nacional, con una expansión sin precedentes en todo el mundo por lo que hace a la matriculación en la educación básica y la consolidación de la educación técnica, la agropecuaria, los bachilleratos y las universidades.

La tercera etapa se caracterizó por una reducción en el gasto estatal (consecuencia del terrible gasto deficitario que manejaron las administraciones federales durante al menos doce años, es decir, en los pésimos sexenios de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo) que impactó, desgraciadamente, en la educación, así como en el recrudecimiento de los vicios que semejante expansión lograda había generado: obsolescencia curricular, abultamiento administrativo y tensiones entre el sindicato y las autoridades estatales.

La cuarta etapa se ha caracterizado por una preocupación de la educación pero en un sentido exclusivamente técnico. En la administración de Carlos Salinas de Gortari (quien, nos guste o no, colocó en el mapa a México como un país en vías de verdadero desarrollo) se plantearon una serie de reformas relacionadas con la eficiencia, la calidad de la educación, el financiamiento y la burocratización, que restaron peso al Estado en su rectoría y que beneficiaron a la llamada educación privada. Este tipo de reformas se intensificaron a partir de la entrada de los Estados Unidos Mexicanos a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y han seguido los patrones establecidos por este organismo, muchas veces en detrimento de asignaturas muy importantes, como civismo o filosofía.

Hoy se modela la quinta etapa y las bases están dadas: se quiere mejorar la calidad, se quiere aumentar la matrícula y se quiere a un Estado que verdaderamente lleve la batuta en el sistema educativo.

El armado de la reforma es inconcluso absolutamente: la nueva legislación ordinaria está pendiente y debe salir adelante con la participación de todos los sectores sociales. Es imposible ignorarla u oponerse a ella, porque la reforma va a ocurrir. Lo mejor que puede hacerse es estar ahí, participando activamente en el debate para que se obtengan los mejores resultados.

¿Es la reforma educativa un peligro para México?

No. Al contrario, la reforma educativa de 2013 es una verdadera ventana de oportunidad que permitirá darse cuenta que detrás del drama que es la situación actual del sistema educativo nacional, se encuentra el rostro de todas las generaciones de los educandos nacionales. Así, podremos sumergirnos en nuestros conflictos y salir de esta etapa reduccionista donde todo es números e indicadores sin rostro y donde el futuro de nuestra nación descansa en los hombros de unos pocos políticos y empresarios. Eso no es un peligro, eso es la plataforma de un México libre.